El concepto de fallo muscular (como popularmente se conoce) podría equipararse al de fatiga muscular.

Hace años, que se comenzó a extender,  no sólo en el mundo de los gimnasios sino también en entrenamiento deportivo, una corriente que consistía en entrenar la fuerza hasta llegar al fallo muscular, por el convencimiento de que se conseguía, con el mismo, un mayor grado de hipertrofia y fuerza muscular.

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¿Por qué se popularizó esa forma de entrenar?

El músculo está constituido por fibras musculares (fascículos) que le confieren la capacidad de contraerse. Esto se consigue mediante un impulso nervioso que provoca la liberación del neurotransmisor: la acetilcolina. Ésta inicia un estímulo que termina con la activación de los miofilamentos de actina y miosina: y se genera la contracción muscular

Cuando en un momento determinado esta activación no puede mantenerse (por muchas causas que ahora no podemos analizar), ya no es posible la contracción muscular.

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En el caso de este controvertido método de entrenamiento, lo que se busca es realizar series de entrenamiento muscular, hasta que llega un momento en el que no se puede realizar una repetición más. Los que lo utilizan, argumentan que se consigue un trabajo muscular de menos cantidad pero mucha calidad.

Existen entre los que lo practican varias corrientes, de forma que algunos buscan el fallo en cada serie, mientras que otros sólo lo buscan en la última serie del ejercicio. Una de las formas de alcanzar el fallo es reducir el tiempo de descanso entre series, para que el músculo no tenga suficiente tiempo para recuperarse, asegurándose el fallo muscular.

¿Puede tener una explicación fisiológica?

Claro que sí. Nada se prueba en el mundo de la actividad física sin una base (más o menos fiable) científica.

Posiblemente quien iniciara esta actividad, lo haría pensando en que con un entrenamiento máximo (al final llegar al fallo es eso) se incrementa el reclutamiento de unidades motoras. Esto exigiría una explicación muy detallada, pero resumiendo, piensa que cuando contraemos un músculo, no utilizamos (reclutamos) todas sus unidades motoras. Este reclutamiento depende del tipo de contracción muscular, de la intensidad… Así, cuando obligamos al músculo a contraerse frente a cargas altas, se reclutan sobre todo fibras musculares tipo I y/o tipo IIa (que constituyen las unidades motoras de bajo umbral que se activan en estos casos).

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Como estas unidades motoras se van fatigando, se necesitará reclutar fibras tipo IIx (de unidades motoras de mayor umbral excitatorio). Y así hasta que ya no podemos mover el peso con el que estamos trabajando (fallo muscular).

Como razonamiento no está mal, pero no es necesario.

Entrenar no es un término banal. Supone la fase inicial del proceso mediante el cual conseguimos una mejora física, y dicha mejoría está condicionada por un mecanismo de adaptación.

Y es que el cuerpo humano, al final, se rige por unas leyes básicas y fundamentales. Estas son las que condicionan que el cuerpo, tras el estímulo, se adapte de forma positiva, con el descanso y los buenos hábitos de vida.

Para que el cuerpo aumente el nivel de condición física, debemos estresarlo por encima de lo que está habituado en su vida diaria (ley del umbral), pero el estímulo excesivo no sólo evita la sobrecompensación posterior (el objetivo del entrenamiento), sino que puede provocar lesiones y situaciones de fatigabilidad muscular que empeoran el rendimiento.

Por ello, los argumentos fisiológicos no parece que ayuden mucho en este caso, sobre todo cuando:

  • Existe la posibilidad de entrenar con cargas submáximas (más series con menos peso que en el caso que nos ocupa) con el que se consiguen mejores niveles de fuerza
  • Existe evidencia científica de que se puede conseguir reclutar un alto número de unidades motoras sin necesidad de entrenar hasta el fallo

¿Qué es lo que todavía no sabemos?

Aunque parezca un absurdo, no sabemos lo que no podemos comprobar. Y todavía es mucho.

Me explico.

Desconocemos los efectos que el entrenamiento hasta llegar al fallo muscular puede provocar a medio y largo sobre el músculo, en muchos aspectos como:

  • La forma en la influye sobre el tejido conjuntivo (no sólo sobre el muscular) que tanta importancia tiene
  • La modificación de la vascularización de los tejidos
  • La repercusión sobre la respuesta neuromuscular

Profundizar sobre estos aspectos, de los que tenemos algún anticipo pero no suficiente, tiene una gran importancia.

Lo que sabemos

  • no hay diferencias significativas ni en la fuerza, ni en el desarrollo muscular cuando se utiliza éste método de entrenamiento de fuerza
  • si no mejora los resultados de otros métodos, pero sí sus riesgos, no tiene sentido su utilizaciónbody-2703405__340
  • el entrenamiento hasta el fallo muscular puede provocar una mayor compresión articular por su propia esencia
  • el entrenamiento hasta el falo provoca una mayor afectación del equilibrio simpático-parasimpático después del ejercicio

Conclusiones

Si no existe evidencia científica de que el entrenamiento hasta el fallo mejore la fuerza o la hipertrofia muscular, por encima de otras modalidades de entrenamiento, pero sí puede aumentar los riesgos de lesión muscular y o sobrecarga articular, no parece que su práctica sea una estrategia rentable.

Un comentario sobre “¿Entrenar hasta el fallo muscular merece la pena?

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