Realmente vivimos en una sociedad, donde la inmediatez de la información nos somete a la esclavitud de lo imperfecto, de lo no contrastado, de lo urgente.

Cuando, desde un punto de vista crítico, se analizan las noticias que aparecen en los medios de comunicación sobre aspectos relacionados con la salud, sorprende la valentía, o la osadía, de quienes escriben estas noticias con una rotundidad que asusta.

Cuando cada vez más, los profesionales, vemos con reservas los estudios que se realizan y los resultados de los mismos, nos encontramos con la rotundidad de algunas noticias en la prensa, sobre fases preliminares de algunos estudios. Sí “fases preliminares”, primeros escarceos que sirven de puente para buscar un camino, y que son tantas veces tomados como verdad infalible.

Existen muchos ejemplos, pero el que leí ayer, cuando tenía decidido escribir sobre este tema, decía textualmente “se ha demostrado que tomar café alarga la vida”. Ni qué decir coffee-2714970__340tiene que me alegraría que esto fuera así, ya que como buen cafetero soy un consumidor diario de este producto. Pero, escuchen, nada más lejos de la realidad. Nadie ha demostrado que tomar café alargue la vida. Y esto es lo que genera tanta desinformación en asuntos de salud pública.

Yo abogo por que exista un control exhaustivo de estas noticias, y se “prohíba”, sí “prohíba” (con todas las letras), transmitir noticias que no hayan pasado un filtro científico adecuado.

Cuantos malos hábitos se adquieren, o se fidelizan, con noticias que transmiten medias verdades.

Me costaría profundizar en esto, ya que sería objeto de muchas líneas, pero creo firmemente que coger un estudio científico (por desgracia hoy accesible a cualquier persona en este mundo “internetizado”), y transmitir sus conclusiones como verdad absoluta, debería estar prohibido (salvo que fueran verdad absoluta).

Como hablar de lo que es “positivo” es muy complejo y daría lugar a un amplio debate, que no rehúyo, me gustaría más centrarme en el patito feo de la investigación. En el estudio con resultados “negativos”.

El estudio negativo, ha sido olvidado con frecuencia por parecer que aporta poco a la ciencia. Sin embargo no es así. Un estudio verdaderamente negativo, debe haberse realizado con un protocolo adecuado y  con una potencia necesaria. Si no consigue, a pesar de todo, demostrar la superioridad de una intervención sobre otras o sobre un placebo, no deja de tener por ello una gran importancia.

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Me atrevería a decir, que estos estudios son los verdaderamente concluyentes, y pueden tener un gran impacto en el conocimiento, constituyendo la base de investigaciones posteriores.

Por desgracia en nuestra sociedad, lo negativo no tiene la misma consideración que lo positivo, y ello conduce a que algunos de estos estudios se oculten, lo que comporta que deban repetirse para alcanzar sus conclusiones, con la consiguiente pérdida de tiempo y despilfarro de dinero.

¿A que no habían pensado en ello?

En este problema, tienen una gran responsabilidad los editores de revistas, que están muy dispuestos a publicar resultados positivos, a veces incluso de dudosa calidad metodológica, por delante de estudios con resultados negativos aunque sean de alta calidad. Y sin duda el predominio en los últimos años de la “Medicina Basada en la Evidencia”, ha contribuido a restar interés a los resultados negativos.

Si bien la literatura médica está repleta de resultados positivos, no ocurre lo mismo con los resultados negativos, y ello a pesar de que este tipo de estudios pueden llegar a representar el  cincuenta por ciento del conocimiento científico.

Claro que, para el investigador, lo bonito es que su trabajo conduzca a un resultado positivo que parece que enriquece el saber científico. Además si mi resultado es negativo, parece que de alguna manera pone en entredicho mi trabajo.

En general un estudio negativo, genera en muchas ocasiones decepción.

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Cuando aparece un resultado negativo, siembra las dudas sobre el diseño del experimento, sobre las hipótesis establecidas, e incluso parece que el investigador se precipitó en el estudio. Todo ello repercute incluso en su propio equipo.

A nadie le puede extrañar que sea más atractivo comunicar resultados atractivos, que conclusiones negativas. Pero aquí nace el error, tan propio de una sociedad narcisista como la nuestra, de pensar que una investigación en la que se obtiene un resultado negativo, es un tiempo perdido. Desde mi punto de vista, es el tiempo mejor invertido. Si yo llego a la conclusión de que algo no sirve, estoy consiguiendo que otros investigadores no pierdan su tiempo en seguir percutiendo en ese camino. Y eso tiene especial interés si lo hago público. Si no lo comunico no sirve para nada.

En general, deberíamos asumir que los resultados de una investigación son aportaciones, tanto si son negativos como positivos, que sirven para avanzar en el conocimiento científico.

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Claro que obtener un resultado positivo es más excitante, pero si tuviéramos que colocar en la balanza el éxito de la investigación, yo me decantaría a favor de quien comunica diez resultados negativos, ante quien sólo comunica un resultado positivo.

Pero además, tengamos en cuenta que, dado que existe una tendencia a primar lo positivo, pueden comunicarse como tales positivos, resultados de estudios metodológicamente criticables (cuando menos), mientras que un posterior estudio con un resultado negativo sobre las mismas premisas, puede ayudar a detectar un fraude previo.

Debemos cambiar, y no es fácil, para educar a nuestros jóvenes investigadores, en la idea de que los resultados son todos de una enorme importancia, ya sean positivos o negativos. Sólo de esta forma podemos conseguir alcanzar la verdad científica y eliminar de nuestro futuro los dogmas de fe de cada época.

Pero aún voy más lejos. En esto mundo de la inmediatez, de la urgencia por saber y por comunicar, los estudios con resultados negativos, adquieren más interés porque proporcionan evidencia que puede ayudar a clarificar importantes temas. Estoy cansado de ver publicadas noticias, dirigidas al público en general, en las que se sacan de contexto un estudio y se resume en una frase una parte del mismo. Ya les he contado lo del café, pero podría ponerles ejemplos a miles.

Pero es que además de todo lo anterior, por si no les he convencido, si sólo publicamos resultados “positivos” sobre un tratamiento médico o quirúrgico, dieta determinada, estilo de vida o prueba diagnóstica, estamos provocando un sesgo de publicación de estudios con resultados positivos.

Sólo me queda un pequeño matiz: los estudios con resultados “no positivos”. Sí, puede parecer un giro del lenguaje, pero no, estoy hablando de los estudios en los que disponemos de datos que no nos aportan un resultado negativo, pero tampoco positivo. Como soy muy viejo, me ha costado adaptarme al concepto de “no inferioridad”, que me parece una forma eufemística de decir que un tratamiento nuevo no aporta nada con respecto a los anteriores.

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Todo esto es muy bonito pero, claro, el lector ávido de noticias médicas, lo que desea es algo diferente, milagroso, esperanzador, sobre todo si se trata de un lector que además es paciente, y busca alternativas ante todo lo probado anteriormente sin resultados.

En mi opinión, y en la de muchos médicos, todo estudio bien diseñado y ejecutado, debe ser publicado, con independencia de que se obtengan resultados “positivos”, “no positivos” o aprende.

Pensar que un estudio con resultados “negativos” no es útil, es absurdo:

  • ¿Acaso no me sirve saber que algo no sirve?
  • ¿Acaso saber que algo ha sido estudiado ya y no tiene salida, no impide que se vuelva a estudiar?
  • ¿Acaso lo anterior no permite establecer nuevos estudios, aunque sean para estudiar lo mismo, pero con un nuevo diseño o hipótesis?

No quiero insistir.

No profundizaré sobre la muestra del estudio, los pacientes que se pierden en el seguimiento, los resultados clínicamente poco relevantes, o la especialización de los centros a la hora de realizar los tratamientos. Esto sería muy complejo a la hora de analizar los resultados “negativos”, pero les pido que cuestionen lo que leen, y que tengan claro que es más lo que no sabemos, que lo que sabemos.

Sólo así se puede avanzar.

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