El hallux rígido (rigidus en latín) es una de las lesiones más comunes en los corredores, y también en los deportes de salto. Es una afectación que se manifiesta por una disminución de la movilidad de la primera articulación metatarsofalángica del dedo gordo del pie, acompañada de dolor, que limita al deportista cuando realiza su actividad física.

Se trata de una patología que evoluciona a peor si no es tratada.

Ojo, no confundir con el hallux valgus (lo que popularmente se denomina juanete), con el que no tiene más relación, que localizarse en la misma zona.

Afecta más frecuentemente a varones (entre los 40 y los 60 años).

¿Por qué se produce un hallux rígido?

En su origen se han invocado muchos factores:

  • una longitud excesiva del primer metatarsiano, en corredores pronadores o con pie plano
  • excesos en los entrenamientos y práctica de deportes de impacto
  • uso de calzado inadecuado para correr
  • sobrepeso
  • microtraumatismos por impactos repetidos (saltos, golpeos con el pie al balón, posición de puntas en el ballet)
  • posturas mantenidas en posiciones forzadas (cuclillas)

Otros factores, sin relación con el deporte, pueden ser reumatismos, gota, psoriasis o infecciones.

Todo ello condiciona que el hallux rígido sea, en la mayor parte de los casos, bilateral.

Síntomas

Los síntomas son propios de la degeneración del cartílago de la articulación, que provoca una artrosis precoz de la misma, por lo que lo habitual es que aparezca:

  • dolor
  • hinchazón
  • enrojecimiento
  • pérdida de movilidad, que es más importante al despertar y que suele agravarse con el frío
  • aparición de una callosidad (hiperqueratosis) que permite intuir que algo no funciona bien en la biomecánica del pie

Estos síntomas empeoran al correr, caminar o agacharse, es decir, cualquier actividad que precise de una flexión y extensión del dedo gordo.

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Lógicamente si la actividad deportiva se realiza por desniveles o escaleras, se agrava la sintomatología, debido a la mayor exigencia biomecánica a la que se somete a la articulación metatarsofalángica.

¿Cómo sabemos si el paciente tiene un hallux rígido?

El diagnóstico precoz es fundamental para afrontar el tratamiento, ya que es muy importante detectarlo en una fase en la que se pueda evitar la evolución hacia el hallux rígido.

La exploración es fundamental, comprobándose en la palpación que la articulación metatarso-falángica está engrosada, inflamada o deformada.

Podemos desencadenar el dolor al palpar la articulación o al movilizarla, tanto en flexión (llevar el dedo hacia abajo) como en extensión (llevar el dedo hacia arriba).

Si lo comparamos con el otro dedo (si no es patológico), comprobaremos la diferencia de movilidad.

Un signo indirecto que nos puede orientar es revisar el calzado, que normalmente estará desgastado por fuera, ya que el deportista, para defenderse del dolor, tiende a pisar con el exterior del pie.

Lógicamente es necesario realizar una radiografía simple, que aportará datos sobre el grado de degeneración articular.

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Tratamiento

El primer escalón del tratamiento es una combinación de plantillas personalizadas (que buscan mejorar la biomecánica del primer metatarsiano) y fisioterapia.

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Pero no olvidemos acompañarlo de anti-inflamatorios para paliar el dolor y la inflamación, modificación del calzado (si es incorrecto), utilización de ortesis o vendajes que limiten el movimiento. Todas estas medidas pretenden minimizar los síntomas y a retardar la evolución de la enfermedad.

Las infiltraciones con corticoides o ácido hialurónico pueden mejorar la sintomatología.

La cirugía se reserva para casos más severos, con una pérdida de movimiento importante, que realmente sea invalidante.

Las técnicas quirúrgicas son muy variadas:

  • colocación de prótesis
  • osteotomías mediante cirugía mínimamente invasiva
  • fijaciones de la articulación
  • hoy en día se han desarrollado técnicas de cirugía ecoguiada.

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Todas las cirugías tienen como objetivo eliminar el dolor, pero es difícil conseguir que la articulación quede en una posición que se adapte a las necesidades de actividad física de cada paciente.

Prevención

Sin duda lo mejor es no llegar a estas situaciones extremas, de forma que ante la menor señal de dolor, es necesaria la atención médica.

A veces en estas fases precoces, se pueden utilizar inmovilizaciones temporales, fisioterapia específica, reducir los gestos deportivos que sobrecargan más al hallux (necesitas la recomendación de un especialista) y mejorar la movilidad del primer dedo.

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No lo olvides: si duele algo no va bien.

Ve al especialista.

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