Una de las máximas aceptadas popularmente, es que cuanta más información más fácil es adoptar mejores decisiones en cualquier campo.

Pero en cuestiones de salud, por desgracia, no siempre es así.

A veces la información no es suficiente: así personas fumadoras, hipertensas, con sobrepeso, que reciben permanentemente la información de que determinados hábitos, como comer alimentos industriales, fumar, tomar bebidas azucaradas en exceso, supone un riesgo para su salud, no modifican sus “malos hábitos” de salud y de actividad física.

Si esto es aplicable a cualquier hábito saludable, no es menos aplicable al ejercicio físico.

Las informaciones sobre los beneficios del ejercicio para la salud, suponen un bombardeo continuo en los medios de comunicación.

 ¿Por qué no se mejoran entonces esos hábitos? ¿Por qué hay cada vez más obesidad infantil? ¿Por qué nos encontramos cada vez más niños y adolescentes sedentarios?

Herramientas en apoyo de la salud

En este contexto, merece la pena una breve reflexión sobre los instrumentos tecnológicos que permiten cuantificar, determinados aspectos relacionados con nuestra salud. Estos medidores o cuantificadores o wearables (usables) en inglés, han supuesto una revolución en la práctica del ejercicio físico.

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Lo indudable es que los nuevos canales de información, almacenamiento de grandes cantidades de datos y métodos monitorización nos han permitido avanzar hacia un nuevo modelo de actividad física y salud más eficiente.

La pregunta es: ¿de verdad los wearables contribuyen a modificar nuestros hábitos de salud? Vamos a ello.

Una de las cuestiones más difíciles en la práctica cotidiana, es la de establecer la dosis – respuesta de la actividad física como instrumento de mejora de nuestra salud. Es fácil establecer el efecto terapéutico de determinados medicamentos, pero no es fácil el de la auténtica “polipíldora” (como dice mi amiga Nuria Garatachea) que es el ejercicio físico. No sólo es difícil establecer la cantidad de ejercicio necesario individualmente, sino que hasta ahora, era extremadamente difícil medir si se alcanzaban o no los objetivos.

¿Cuál es tu dosis de ejercicio y como la mides?

La actividad física puede ser leve, moderado o vigoroso, por lo que 30 minutos de ejercicio no son iguales, sino que dependen de la intensidad del mismo, del tipo de ejercicio (fuerza, velocidad, resistencia), del ambiente en el que se realice, y un largo etcétera de condicionantes.

En este contexto de dificultad de medir, los wearables han arrojado algo de luz “objetiva”.

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Estos pequeños instrumentos, parecen aumentar el grado de motivación del usuario, más en forma de reto, que como consecuencia de la información. Tengamos en cuenta que la información es cada vez más amplia, y se puede conseguir por muchas vías, pero poder medir lo que hacemos tiene más importancia.

Desde los primeros wearables que nos aportaban escasos datos (aquellos podómetros de cinturón que nos decían el número de pasos que dábamos) hemos llegado a la valoración de multitud de variables.

¿Por qué el éxito de estos “medidores”?

Desde mi punto de vista el primer éxito de estos instrumentos es que nos encontramos de repente con unos métodos de valoración, que aportan gran cantidad de variables, pero sin ser un método invasivo.

El segundo factor de éxito es que el usuario no tiene que participar para nada en el proceso de registro, ni en la posterior obtención de los datos. Me refiero a ningún trabajo extra. Generalmente un mínimo dispositivo, nos inunda de datos, sobre nuestra actividad vital (cuanto escalones subimos, los pasos que damos, el ritmo de nuestro corazón durante todo el día, o incluso nuestra actividad durante el sueño nocturno).

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En tercer lugar nos aporta datos, no sólo de la actividad física programada, sino que se mide nuestra actividad cotidiana.

Todo esto se ha visto complementado por app en móviles, softwares avanzados (que permiten explotar los datos de una forma más útil) y por último visualización de los mismos de forma muy atractiva y muy intuitiva.

Todos estos factores han popularizado su uso, en parte por un cierto componente de curiosidad. No deja de asombrar que podamos saber con exactitud el momento del día en el que subimos una escalera o nuestra frecuencia cardíaca supera determinados límites.

Quizá los móviles han sido uno de los instrumentos que más han desarrollado aplicaciones que pueden mejorar nuestros hábitos de salud y de actividad física, en cualquiera de los entornos, Android o iOS. Además algunas de ellas se pueden conectar con otros gadgets para tener resultados visibles que funcionarán como una recompensa, algo vital para mantenernos motivados.

¿Pero necesitamos cada vez más variables?

Comenzamos midiendo los pasos y nos parecía un gran éxito. Se añadió la frecuencia cardíaca y después una batería de datos apabullantes en forma de calorías consumidas, distancias, saturación del oxígeno en sangre, variabilidad de la frecuencia cardíaca (Omega wave), los movimientos de nuestros segmentos corporales (acelerómetros), la potencia de la carrera (potenciómetros colocados en la zapatilla)

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Hoy en día los Fitbit, Apple Watch, o Samsung Wear nos permiten conocer el comportamiento de nuestro corazón durante largos períodos de tiempo, durante el esfuerzo, durante la recuperación o en reposo, además de otros muchos valores.

Todavía existen muchas incertidumbres. Pero en mi opinión, esta gran oferta de variables, junto con la facilidad con que se adaptan los wearables a nuestra vida cotidiana (a través de sus formas, colores, etc), suponen un estímulo diario que nos impulsa a alcanzar unos objetivos, y ello nos facilita conseguir el importante reto de mejorar la salud a través del ejercicio físico.

Todo ello incentiva una conducta más activa y saludable, disminuyendo el sedentarismo.

Por ello recomiendo utilizar toda la tecnología posible que pueda estimularnos a modificar nuestros hábitos. No olvidemos que nuestros hábitos, no dejan de ser actividades que nuestro cerebro, con la finalidad de mejorar la eficiencia, convierte en automatismos para no tener que invertir energía en pensar en ellos. De esa manera, controlar nuestra actividad física se convierte en un hábito y un estímulo competitivo con nuestro propio organismo, sin duda favorecedor. Y lo que es más importante, la cantidad de concentración de nuestro cerebro se minimiza.

Pero todos los hábitos necesitan una recompensa, y ésta (en el caso de la actividad física) llega al comprobar, con nuestros medidores, que hemos alcanzado los objetivos fijados.

El siguiente paso en la relación del médico especialista en deporte y sus pacientes, será el poder solicitar una cita, buscar una segunda opinión profesional o mejorar sus hábitos de vida a través de estos sistemas. El camino está abierto: es la telemedicina aplicada a la salud y la actividad física.

2 comentarios sobre “Cambiar hábitos de salud mediante la tecnología

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