Ya lo escribí hace años, pero me parecía adecuado reescribir este tema, sobre todo a raíz de otro asunto, del cual escribiré algo próximamente (lo que en inglés se denomina gut feelings, y que podría traducirse en español como intuición o corazonadas). Pero eso será en las próximas semanas.

Tecnología

El desarrollo tecnológico ha provocado en Medicina, dos consecuencias: por un lado ha permitido mejorar el diagnóstico y tratamiento de las lesiones; pero por otro, ha supuesto, en ocasiones, un distanciamiento del contacto con el paciente.

Si esto es aplicable a la Medicina en general, cuando ésta se aplica al deporte, adquiere mayor interés, debido a que la presión del entorno (club, prensa, representantes) condiciona la práctica médica. No tengan ninguna duda.

Ante una lesión deportiva (con independencia del nivel deportivo del lesionado) es extraño que se tarde en realizar pruebas de diagnóstico complejas, para alcanzar un diagnóstico rápido. Muchas veces esto se realiza sacrificando escalones intermedios necesarios, y generalmente dando escaso valor a la anamnesis (“Información aportada por el paciente y por otros testimonios para confeccionar su historial médico”), exploración y opinión del médico.

De lo que no me cabe duda, es que ese afán de objetivar con urgencia las lesiones, termina por despersonalizar la práctica médica y, lo que es peor, puede inducir al error.
¿Cuál debería ser la actitud normal? Difícil respuesta.

Si eres deportista y vas al médico por una lesión, ¿a qué vas a dar más valor?, ¿a su experiencia y su exploración?, ¿o a una prueba de imagen (lo habitual una resonancia)?

Dos tipos de Medicina

Lo que nos encontramos (desconozco si en otras profesiones se puede aplicar esta misma disyuntiva), son dos tipos de médicos: los que dan más valor a la experiencia profesional, y los que sólo aceptan la evidencia científica.

Cuando uno estudia Medicina, el mayor afán es adquirir conocimientos basados en la evidencia científica. Ello refuerza nuestra tendencia hacia la ciencia experimental y además proporciona seguridad.

Sin embargo, con los años de práctica profesional, se tiende (no siempre) a mantener una cierta distancia respecto a la verdad absoluta (referida al saber médico), a la hora de tratar al paciente, dando un gran valor a la experiencia profesional.

La revisión sistemática de las publicaciones científicas, mejora, sin duda, el buen hacer médico. Estar al día de los avances de conocimiento, supone un valor añadido a nuestro trabajo. Conocer las nuevas técnicas de tratamiento, nuevos fármacos o métodos diagnósticos, permite que el porcentaje de errores se minimice.

Pero esta tendencia, cuando se establece como única forma de trabajo, también puede comportar un peligro: olvidar la experiencia profesional.

Sí, sí, me han entendido bien, la experiencia profesional, eso que se adquiere a través de la práctica, del contacto diario con los pacientes, del seguimiento de la evolución de los mismos, de la exploración, de la empatía con ellos. Empatía, qué palabra tan ligada a la práctica médica (“capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos”) y a veces tan poco conseguida.

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Pongamos unos ejemplos

El Kinesio Tape es un tipo de vendaje (creado en los años 70 por Kenso Kase), que hoy en día es una técnica más, en el arsenal terapéutico de las lesiones deportivas. Si preguntamos a los profesionales sanitarios que lo utilizan, nos hablarán de sus bondades: Pero si antes de comenzar a utilizarlo leemos el meta-análisis (Williams, S., Whatman, C., Hume, P. A. & Sheerin, K. Kinesio Taping in Treatment and Prevention of Sports Injuries. Sport. Med. 42, 153–164. 2012), donde concluyen que esta técnica carece de una evidencia científica sólida que lo respalde, es posible que nunca lleguemos a utilizarlo.

Los estiramientos han sido desde hace años, uno de los pilares fundamentales en la prevención de lesiones. Sin embargo tras la lectura del artículo “The effectiveness of exercise interventions to prevent sports injuries: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials” (Lauersen, J.B., Bertelsen, D.M., Andersen, L.B.  Br. J. Sports Med. 48, 871–877. 2014), es posible que los descartemos, al considerar que no son una estrategia adecuada para prevenir las lesiones.

Lo mismo nos puede ocurrir si decidimos utilizar la electro-estimulación de baja frecuencia, en detrimento de otros métodos clásicos, para acelerar los procesos de recuperación de fatiga y daño muscular tras sesiones de entrenamiento intensas (Bieuzen F, Borne R, Toussaint J-F, Hausswirth C. Positive effect of specific low-frequency electrical stimulation during short-term recovery on subsequent high-intensity exercise. Appl Physiol Nutr Metab 2014).

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Nos encontramos ante el peligro de que se prioricen, por falta de experiencia previa, los hallazgos de la literatura científica, con poco espíritu crítico y escaso respeto a la experiencia. En otras ocasiones, el proceso es al revés, cuando el profesional busca en los artículos de investigación, el refrendo de su experiencia. Casi seguro que algo encontrará.

La experiencia profesional

Yo defiendo la experiencia, el conocimiento del paciente y la exploración manual, como los fundamentos de la práctica médica. Cada vez es más frecuente valorar a pacientes a los que se han realizado varias pruebas diagnósticas con resultados normales (¿por qué repetir más de una vez algo que es normal?), que siguen peregrinando por diversos profesionales (médicos, fisioterapeutas…) en busca de una solución a su problema, habiendo recibido, por si fuera poco, diversas opiniones contradictorias sobre el origen de su dolor, u otros síntomas.

Escuchar al paciente, suele ser un elemento suficientemente esclarecedor, en un elevado porcentaje de los casos. Una anamnesis detallada (y paciente) aclara la mayor parte de las dudas. El contacto físico mantenido durante la exploración, tiene un efecto nada desdeñable, sobre la relación de confianza que es necesaria.

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Finalmente (o sea, al final), las pruebas diagnósticas. No es una licencia literaria, Así debería ser en la práctica clínica. La prueba diagnósticas, debería ser el medio de confirmar la sospecha diagnóstica que tenemos. Como suelo decir a mis alumnos, si una prueba diagnóstica nos sorprende con su resultado, seguramente es que hemos hecho un mal trabajo previo.

Nos queda el tratamiento

En las últimas décadas ha nacido un problema creciente: Google. images (31)Sí, la multitud de páginas de contenido pseudocientífico, condiciona en muchos casos la relación médico-paciente. Esto en el deportista lesionado es todavía mucho más frecuente. Cualquier página consultada, la inmensa mayoría sin ningún soporte científico, ni médico, adquiere un valor exagerado para el deportista lesionado. Difícil competir contra ello. En este caso no queda más solución que unirse al enemigo. Por eso hace tiempo que decidí utilizar Google a mi favor, en lugar de pelearme contra él. No deja de ser un arma ilustrativa, que permite explicar gráficamente al lesionado su problema. Prefiero decirle a mis pacientes donde pueden curiosear y donde no.

Un problema extra: el efecto placebo

Es indiscutible que algunos pacientes, mejoran con terapias no contrastadas científicamente. El porcentaje es tremendamente variable. Intentar convencer a un lesionado, de que una técnica determinada no ha podido mejorar su lesión, sino que el efecto se debe a la propia capacidad de curación de su organismo, es una batalla perdida. El boca a boca es imparable, y así ozono, factores de crecimiento y terapia con células madre (o el tremendo absurdo de la placenta de yegua), se convierten en soluciones definitivas para cualquier tipo de problema. Este tema lo dejo para otra entrada más adelante. Es demasiado extenso.

Un consejo final para el lector deportista: cuéntale a tu médico todo, deja que te explore y no pienses que una resonancia será la solución de tus problemas. 

 

 

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