Lo escribí hace bastantes años, a raíz de un caso curioso con un deportista, y revisando papeles me ha parecido interesante reescribirlo.

Nunca olvidaré el caso de un jugador joven que chocaba con frecuencia con los rivales. Sólo el análisis concienzudo de todos los aspectos físicos, permitió descubrir que presentaba una alteración de la visión estereoscópica (la capacidad de distinguir la distancia entre objetos). Fue un descubrimiento, que me hizo insistir en la valoración de la capacidad visual.  A raíz de aquello aprendí cosas interesantes sobre el entrenamiento visual, en concreto el de la visión periférica.

Y, claro, me topé con el primer problema: convencer a un entrenador de la importancia que tienen determinadas habilidades visuales en el desempeño de sus deportistas, no es fácil. Si conseguimos ese paso, el segundo, que es convencerle de que dichas habilidades pueden entrenarse, aún es más difícil. La mayor dificultad es la incapacidad que tenemos hoy en día, para medir los resultados que, a nivel deportivo, se consiguen con el entrenamiento visual. No hay herramientas para medir esa repercusión, y, desgraciadamente, lo que no se mide no existe.

En una sociedad en la que visión es predominantemente frontal, cuesta centrar la atención en la visión periférica.

Para entender con sencillez la importancia de lo que llamamos visión periférica, debemos saber que somos capaces de percibir visualmente hasta un perímetro de casi 180º. En ese campo podríamos dividir lo que llamamos la visión central (que abarca unos 30º aproximadamente), y la visión periférica. Lógicamente cuanto más nos adescarga (5)lejamos de la zona central de la visión, menor agudeza visual tenemos, pero ello no impide que esa visión periférica sea fundamental para el equilibrio, la orientación y la fiabilidad de los movimientos. Por tanto se considera que los deportes de equipo y que utilizan una pelota, son candidatos a una mejora de la visión periférica, ya que ésta es muy importante para concretar la acción táctica con éxito. Y no olvidemos que todo ello lo conseguimos sin necesidad de girar la cabeza, lo que en el deporte nos permite un control muy importante del juego.

Nuestra máxima agudeza visual y sentido cromático exacto, nos lo proporciona la visión central (nuestra sociedad está centrada en la visión central y obviamos otros aspectos dela visión), pero conforme nos dirigimos a la periferia, esto disminuye rápidamente. El problema de la visión periférica es que está influida por aspectos como los colores, de forma que es menor para los colores azules, rojos o verdes; las características del estímulo; las condiciones del terreno, y la distancia a la que se encuentran los jugadores, entre otros.

Es conocido que los deportistas presentan campos visuales más extensos que los sujetos sedentarios. ¿Causa o consecuencia?

Paradójicamente, a pesar de los beneficios que supone disponer de una visión periférica en los deportes de equipo en general, no existe una cultura de entrenamiento de la misma, que permita desarrollarla suficientemente. Una mezcla de desconocimiento y una cierta vergüenza, favorece este comportamiento. Sin embargo los avances de la optometría deportiva, han permitido desarrollar programas de entrenamiento visual, orientados incluso hacia la disciplina deportiva practicada.

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Una de las tendencias habituales, es pensar que sólo mejorarán aquellos deportistas que presentan una deficiencia a nivel visual. Sin embargo cualquiera puede beneficiarse funcionalmente.

No es mi pretensión explicar un proceso complejo y especializado, pero debemos saber que éste entrenamiento, está muy bien estructurado, desde lo general hasta lo específico.

Es cierto, que convencer a un deportista de un deporte de equipo para que invierta un tiempo en la mejora de estas capacidades es difícil. Sin embargo existen períodos de descanso de la competición, o periodos lesionales, en los que podría dedicar un tiempo a esta tarea.

Alcanzar el escalón final, en el que el entrenamiento visual se integra con otros tipos de entrenamiento (técnico, táctico, físico, psicológicos), es un lujo, y pocos entrenadores (seguramente por desconocimiento) permitirían incluir en la rutina de entrenamiento,  actividades de entrenamiento visual ligadas a acciones técnicas (un lanzamiento a canasta, un ejercicio de pases en fútbol).

Quizá en esa restricción por parte de los entrenadores a este tipo de entrenamiento, influya la metodología aceptada de centrar el entrenamiento en los aspectos físicos, técnicos y tácticos, obviando algo que es fundamental en los deportes de equipo, como los múltiples estímulos que aparecen: compañeros, rivales, árbitros, balón, elementos fijos (canastas, porterías).

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Como generalidades, sólo comentar que este tipo de entrenamiento debe ser individualizado:

  • en relación con las habilidades propias del deporte que se practica.
  • de las características del jugador en su juego
  • de la habilidad del deportista

En resumen, el entrenamiento de la visión periférica  mejora el rendimiento deportivo, a través dos facetas: ampliar al máximo el campo de la misma, y conseguir la mayor agudeza visual en el mayor campo posible (no sólo necesitamos percibir al contrario o al balón, sino hacerlo con la mayor definición posible).

 

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