Lo más frustrante que se puede encontrar un médico en el ejercicio de su profesión, yo así lo considero al menos, es la ausencia de diagnóstico claro. Lo evidente es lo evidente y en la mayor parte de las ocasiones, los síntomas, las explicaciones del paciente y la exploración, te conducen hacia un diagnóstico más o menos de certeza.

El problema se nos plantea cuando tras todo lo anterior, no entiendes lo que le pasa al paciente. Frustrante.

Así me sentí la primera vez que me encontré con una alergia alimentaria desencadenada por el ejercicio.

¿Qué es éste, poco frecuente, pero no raro, cuadro clínico?

No es ni más ni menos, que una combinación de consumo de un determinado alimento y la realización de ejercicio físico, que desencadenan la aparición de una reacción alérgica, que puede incluso manifestarse como una anafilaxia y provocar en estos casos la muerte.

Lo que dificulta el diagnóstico es que, cada uno de los dos factores por separado, el ejercicio físico o el consumo de ese alimento, no desencadenan el cuadro, pero la combinación de ambos sí.  No fue descrita hace mucho tiempo (unas pocas décadas), lo que le da el carácter de una enfermedad relativamente moderna.

La población expuesta es mayoritariamente desde la adolescencia hasta alrededor de los 40 años, con una distribución por sexos similar.

¿Qué ejercicio puede ser el desencadenante?

En principio cualquier tipo de ejercicio puede hacerlo. Pero cuidado, no pensemos sólo en ejercicio físico en el sentido de correr, ir en bici o nadar. Ejercicio físico es bailar en una discoteca o subir una montaña, y esto le confiere todavía un sesgo más interesante y un riesgo mayor, al tratarse de actividades en las que el consumo de alimentos puede ser intercurrente

¿Qué alimento puede provocarlo?

La mayoría de pacientes que presentan alergia inducida por ejercicio son alérgicos a alimentos, principalmente a frutas y verduras, pero puede deberse a cualquier alérgeno alimentario.

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Los alimentos más frecuentemente implicados son:

  • vegetales: cereales (fundamentalmente el trigo), frutas frescas, los frutos secos y champiñones.
  • de origen animal: mariscos. Más excepcionales son los casos por ingesta de huevo o leche de vaca.
  • fármacos: un ejemplo puede ser el ibuprofeno.

La interacción del alimento (o fármaco) con el ejercicio, puede ocurrir durante todo el tiempo que dura el proceso de la digestión del alimento, lo que condiciona que pueda presentarse hasta cuatro horas después de ser consumido. Si bien en el 75% de los casos, la ingesta precede al ejercicio, también puede ocurrir al contrario en un 25% de los casos, al consumir un alimento inmediatamente después de practicado el ejercicio.

Un aspecto de interés, y que todavía sirve para desorientar más en algunos casos, es que la cantidad de alimento ingerido puede condicionar el grado de reacción.

Por último, debemos saber que en un porcentaje variable de entre el 36-44 % de los casos, no se consigue identificar un alimento específico desencadenante.

¿Cómo lo sospechamos?

Los síntomas son muy variados:

  • Picor: característicamente en las palmas y plantas de los pies.
  • Dificultad para respirar o tragar
  • Choque o shock anafiláctico: cuando existe afectación circulatoria (bajada de tensión, arritmia, pulso débil, desfallecimiento), afectación gastrointestinal (vómitos, diarreas y dolor abdominal), respiratoria (broncoespasmo agudo).

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¿Qué hacer en estos casos?

La premisa fundamental para estos pacientes es no ingerir los alimentos implicados durante las 4-6 horas previas a realizar ejercicio, y, como medida extra, tampoco inmediatamente finalizado el mismo.

Atención: cuidado con determinados preparados industriales, en los que se pueden emplear algunos potenciales alérgenos.

La aparición de los síntomas es muy variable, entre 5 y 50 minutos después del inicio del ejercicio. Ante la aparición de los primeros síntomas, se debe suspender el ejercicio, tomar un antihistamínico y si se tiene sensación de mareo sentarse o tumbarse en el suelo. De ahí que sea muy importante la identificación precoz de los síntomas, ya que si se interrumpe el ejercicio nada más notar las primeras manifestaciones, se puede evitar la progresión del cuadro hacia una anafilaxia.

Si el paciente presenta síntomas de un shock anafiláctico (bajada de tensión arterial, arritmia, pulso débil, pérdida de conciencia), debe conseguirse una atención médica urgente, por el posible riesgo de muerte. En estos casos los pacientes deben haber sido instruidos en el uso de adrenalina, que llevarán siempre que vayan a hacer ejercicio en forma de jeringa precargada.

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En resumen

Sobre esta enfermedad conviene tener claro que:

– el ejercicio no tiene que ser especialmente intenso y extenuante

– siempre aparece por la combinación de ejercicio físico y el consumo de un alimento

– no hay datos epidemiológicos para saber realmente cuál es su frecuencia, aunque parece que es mayor de lo que suponíamos

– su manifestación clínica es muy variada, desde picores, mareos y algunos síntomas típicos de las alergias, como urticaria e hinchazón, pudiendo llegar a provocar anafilaxia.

 

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