La Sociedad Española de Reumatología, está realizando el estudio EPISER 2016 sobre la prevalencia de las enfermedades reumáticas en población adulta en España. Dicha Sociedad, estima que, estas enfermedades reumáticas, afectan a 1 de cada 4 personas, mayores de 20 años, en nuestro país.

La repercusión de las mismas en forma de dolor, limitaciones físicas y secuelas, además del costo económico, directo e indirecto, es importante, y por ello, el estudio de terapias que mejoren la capacidad funcional de estos pacientes, adquiere un especial interés.

En este sentido, el ejercicio físico adquiere un especial interés, como un elemento más para mejorar, de forma significativa, la calidad de vida de las personas con alguna enfermedad reumática, en una doble faceta, a través de sus beneficios físicos y psicológicos. No debemos olvidar que estos pacientes, además del dolor, la rigidez y otros síntomas físicos, se ven muchas veces afectados por ansiedad y depresión, además de alteraciones del ritmo y la calidad del sueño.

shutterstock_41700649

En este punto de partida, la reflexión es clara: pacientes con dolor, inflamación y rigidez, difícilmente se van a ver animados a realizar ejercicio físico, por cuanto ineludiblemente lo van a relacionar, con mayor riesgo de dolor e inflamación. Es por esto que se calcula que, sólo un tercio de los pacientes con enfermedades reumáticas, practica actividad física regularmente, entendiendo como tal aquella que se realiza unos tres días a la semana, mientras que la mitad de los pacientes con artrosis, no realiza ningún tipo de actividad física y tiene un índice de masa corporal (IMC) elevado.

Pero además sabemos que el, mal recomendado, reposo conlleva problemas en estos casos, hasta el punto de que se calcula que 30 días de reposo, condicionan un descenso de la fuerza máxima de los flexores de la rodilla en un 6% y casi un 20% en los extensores.

En cualquier caso, el enfermo articular (reumático o no) se puede ver beneficiado por la práctica regular de actividad física, como consecuencia de diversos efectos:

  • Disminución del dolor y la rigidez.
  • Mejora de la movilidad articular y, consecuentemente, de la capacidad funcional.
  • Aumento de la fuerza muscular y, como consecuencia directa, una reducción del riesgo de caídas.
  • Reducción del sobrepeso.

Pero un dato especialmente interesante, es que esta mejoría clínica, derivada de la práctica de actividad física regulada, puede conducir a un ajuste del tratamiento farmacológico, reduciendo sus efectos secundarios. Mi querido amigo, Fernando Gimeno Marco, ha canalizado muchas de estas indicaciones a través de ARPER (Asociación para la Rehabilitación Permanente de Enfermedades Reumáticas)

jornadas2008gimeno

Quizá unos de los aspectos más interesantes, es que algunos estudios, evidencian que el ejercicio aeróbico regular, puede ser eficaz para reducir la inflamación crónica, a través de un potencial mecanismo antinflamatorio.

La prescripción de esta actividad física, con finalidad terapéutica, exige una adaptación a la patología concreta, su estado evolutivo, las limitaciones físicas y edad del paciente, pero sobre todo, a los hábitos deportivos previos.

Una actividad física indicada en pacientes sin experiencia, ni hábitos previos, condiciona un comienzo progresivo, mediante actividades suaves y regulares. La tolerancia a la pauta de ejercicio, condicionará la forma de modificarlo. Se deberá tener en cuenta siempre las preferencias del enfermo y el grado de adherencia al mismo.

Otro aspecto a tener en cuenta, es el posible efecto del ejercicio físico moderado, sobre las articulaciones. Tengamos en cuenta que el dolor articular, es muy frecuente en nuestra sociedad. Sin duda una parte del mismo es consecuencia del envejecimiento, y la correspondiente  degradación de las superficies articulares, pero no debemos olvidar que el exceso de ejercicio físico tiene unas repercusiones biomecánicas importantes.

¿Por tanto es malo realizar ejercicio físico? No. No nos despistemos en el razonamiento, peor es el sedentarismo.

Y entonces ¿cómo centramos la cuestión?

No queda más remedio que el consejo del experto. Los estudios científicos son cada vez más concluyentes. Por ejemplo ¿es usted fibromiálgica?: haga natación. Ello le ayudará a mejorar el dolor y su calidad de vida, como demuestra un artículo publicado en Archives of Physical Medicine and Rehabilitation, o cualquier ejercicio aeróbico, como caminar.

En cualquier caso, debemos cambiar nuestra mentalidad, y pensar que igual que recetamos un antiinflamatorio, deberíamos enviar a un paciente a hacer ‘aquagym’, bicicleta o natación; con una periodicidad de, al menos, tres días a la semana, combinado con un control del peso, ejercicio que el paciente pueda ejecutar de forma autónoma una vez adquirido el hábito.

En resumen: si tu problema es articular, el ejercicio físico controlado y prescrito de una forma individualizada por un especialista, te puede ayudar a encontrarte mejor y modificar el tratamiento farmacológico.

Si tienes dudas consulta aquí y consulta a tu especialista.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s